jueves, 5 de noviembre de 2009

“Nadie va a llevarse el agua porque ellos sacan el provecho sin llevársela”

Entrevista a la directora Mausi Martínez

Uno de cada cinco habitantes no tiene agua potable. Tres millones de personas al año mueren de sed o por beber aguas insalubres. El 97,5% del agua disponible en el planeta es salada. El 2,5% es dulce y está en proceso de pérdida. De ese 2,5%, un 70% es utilizada para riego agrícola, un 10% para la industria, entretenimiento, usos municipales y doméstico; con el resto se produce electricidad. Así comienza Sed: invasión gota a gota, un documental argentino que nos alerta que el siglo XXI será el de las guerras por los recursos naturales.


El film trata principalmente sobre la privatización del agua y la instalación de bases militares en la zona, y habla de una invasión a nivel económico por parte de los Estados Unidos. Mausi Martínez, directora del documental, dice que Paraguay es el más flexible a las políticas de Estados Unidos, de los cuatro países donde reposa el Acuífero Guaraní. Dice que como el Mercosur lo deja de lado, se toman la libertad de decir ´sino me dan bola los vecinos me voy con lo que me conviene´.


“Paraguay y Uruguay son dos de los países que tienen más permeabilidad en los tratados de libre comercio y lo que pasa con estos acuerdos económicos es que en ningún momento van a decir ´yo me quedo con lo tuyo´. Lo que siempre van a hacer es presionar con esos acuerdos, acordar en instalar multinacionales, empresas que después terminan explotando el recurso a favor de ellas mismas”, opina Mausi.


Fue en España donde Martínez escuchó por primera vez que había escasez de agua y que nombraban mucho al Acuífero Guaraní. Estaba en Europa buscando financiación para un proyecto personal y terminó siendo el disparador para hacer el documental sobre el tema. “Me llamó la atención porque nosotros teníamos el Acuífero y no sabíamos nada. La inquietud fue inmediata, quería saber de qué estaban hablando porque comentaban que era la tercera reserva de agua más importante del mundo”. Cuando empezó a investigar se dio cuenta de que nadie escuchaba, que no había cabeza para escuchar, y enseguida tomó la decisión de hacer algo.


Se dio cuenta de que nadie jamás se había ocupado de averiguar qué estaba pasando con el agua y cuál era el rol del Banco Mundial en las redes hídricas. “Nadie asociaba las problemas ecológicos que había alrededor de los proyectos del Banco Mundial; la cuestión geoestratégica que hay entre los países interesados. El Banco Mundial está financiando los monitoreos, la búsqueda de información y demás controles que se ejercen sobre el Acuífero Guaraní”. Entonces, lo que hizo la directora, fue entrelazar la información para mostrársela a la gente y que se den cuenta de qué es lo que en realidad se busca.


La investigación no le llevó mucho tiempo porque todo estaba en internet. Y esto es algo que le resultó muy curioso, ya que la evidencia está a la vista de todos y no se la ve. “Estuvimos seis meses investigando. Nada más había que seleccionar la información y buscar a las personas que íbamos a entrevistar. La ingeniera de la investigación tenía más que ver con cruzar los datos que con descubrir la realidad. Cuando yo iba a las fuentes de información había mucha y nadie podía terminar ese universo alrededor del Acuífero Guaraní”.


Mausi buscaba crear una conciencia en la sociedad de la cantidad de agua potable que tenemos y no estamos cuidando. El documental tuvo bastante repercusión. Mausi cuenta que no paró de ser buscada para formar parte de debates, que durante todo el año el film fue proyectado en un montón de provincias, y que lo pidieron de otros países y lo siguen pidiendo. También dice que desde el 2005 no pararon de gestionar la película, de exhibirla en la cámara de diputados y senadores.


“Después buscamos una manera de proyectarla en los colegios y creo que ese camino de hormiga fue el que terminó de instalar el tema”. Luego la pidieron de canal 13, de canal 11, y en casi todos los programas de investigación en donde salió tuvo mucha repercusión.


Mausi cuenta que desde el ´96 que los Estados Unidos tiene una serie de acuerdos con todos los países sudamericanos para la infraestructura con dinero del Banco Mundial, y habla sobre la Iniciativa de Integración Regional Sudamericana (IIRSA). Dice que es un acuerdo para trazar infraestructura en todo Sudamérica, como para que cualquier tratado de libre comercio no encuentre barreras geográficas y, además, utilizando todas las redes hídricas y carreteras. Dice que hay una serie de cuestiones a las que Argentina tiene que ceder porque hay acuerdos, pero que éstos los beneficia a ellos y no a nosotros, y que Sudamérica es un mapa perfectamente trazado para que esto ocurra.


“Desde el proceso militar al liberalismo, del liberalismo al neoliberalismo, y del neoliberalismo al país sojero. No creo que haya una invasión. Nosotros firmamos los tratados de libre comercio, es nuestra gente del campo la que está decidiendo por los granos transgénicos, arrendando sus campos, contaminando. Nadie va a llevarse el agua porque ellos sacan el provecho sin llevársela”, afirma. Martínez piensa que Argentina no va a tener invasión porque las acepta de otras maneras, como favorecer la instalación de empresas extranjeras, a las que no les importa deforestar, desviar carreteras, ríos, o respetar a las comunidades aborígenes.


Dice que lo que se está dando ahora se puede relacionar con los años 70, durante la dictadura militar, donde los norteamericanos invadieron buscando el control de la patria financiera. Y cuenta que la Cuarta Flota norteamericana que volvió a patrullar nuestras aguas es un claro ejemplo de la invasión económica.




Paraguay, país de agua

América del Sur posee el 26 por ciento de los recursos hídricos del planeta para abastecer sólo al 6 por ciento de la población mundial, por lo que está expuesta, además de las ambiciones de los capitales transnacionales, a posibles conflictos bélicos por la apropiación del agua.

El continente cuenta con el Sistema Acuífero Guaraní (SAG), reservorio de agua potable que abarca alrededor de 1.200.000 kilómetros cuadrados bajo el territorio de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay. También contiene a la Cuenca Amazónica, la reserva de agua dulce más importante del planeta, y las cuencas de Orinoco y del Plata.

Con el supuesto fin de mejorar la distribución de un recurso tan abundante en la zona, muchos gobiernos optaron por la privatización, pero en varios países hay rechazo a esa política y denuncias por el monto de las tarifas, tratándose de un recurso natural que se considera por importantes sectores de la población latinoamericana copropiedad de los habitantes de cada país.

Del lado de Paraguay del Acuífero Guaraní, están instalados un grupo de marines de los Estados unidos, junto a una estación satelital de monitoreo y otra estación de la CIA. Y en la parte argentina, casi toda está en manos de Douglas Tomkins, como protector ecologista, denunciado en 1999 ante el Ministerio del Interior como miembro de la CIA.


A partir de 1997 el Acuífero Guaraní pasó a ser parte de un proyecto financiado por el Banco Mundial. El origen de la comercialización del agua se puede encontrar en noviembre de 2001, cuando los recursos naturales, al igual que la salud y la educación, empezaron a ser objeto de negociaciones en la Organización Mundial de Comercio (OMC). Lo que hasta ahora era regulado por los estados pasará a ser mercado de libre comercio. Esto permite la apropiación territorial, mediante la compra de tierras con recursos naturales.

El Banco Mundial fomenta las privatizaciones prestando dinero para las reformas en e l sistema de agua, invirtiendo y finalmente como juez en caso de conflicto entre los inversionistas y los Estados. Entre 1970 y 2000 la venta del agua creció más de 80 veces. En 1970 se vendieron en el mundo mil millones de litros. En 2000, 84 mil millones. Las ganancias fueron de 2.2 mil millones de dólares.

El Acuífero guaraní posee 132 millones de años. Es conocido como el Gigante de MERCOSUR porque se extiende desde el pantanal en el norte de Brasil, ocupa parte de Paraguay y Uruguay y finaliza en la pampa Argentina. Incluso se sospecha que a enormes profundidades, el acuífero se encuentra conectado con los lagos de la Patagonia. El volumen total del agua almacenada es inmenso. El volumen explotable en la actualidad es de 40 a 80 kilómetros cúbicos, una cifra equivalente a cuatro veces la demanda total anual de la Argentina. Es el tercer acuífero más grande. Primero viene el Acuífero de Areniscas de Nubia con un volumen de 75 mil millones de metros cúbicos, y segundo el Acuífero del Norte del Sahara con un volumen de 60 mil millones de metros cúbicos.

En la mayoría de las regiones el problema no es la falta de agua dulce potable sino la mala gestión y distribución de los recursos hídricos y sus métodos. La mayor parte del agua dulce se utiliza para la agricultura, mientras que una cantidad sustancial se pierde en el proceso de riego. Se pierde aproximadamente el 60 por ciento del agua que se extrae.


El agua promete ser en el siglo XXI lo que fue el petróleo para el siglo XX, el bien precioso que determina la riqueza de las naciones. Si fue el gas de Afganistán y el petróleo de a Irak por lo que Estados Unidos invadió Oriente Medio, ¿por qué no podría invadir a Latinoamérica por los recursos naturales?

Estrella de los grandes medios

Una tuerca más dentro de esta maquinaria perfectamente perversa. Esa sería la definición para una joven periodista que, como tantas/os otros/as, poseen una asombrosa capacidad para desteñir (como lavarropas demoledor de añoradas prendas antiguas) los valores. Gente capaz de transformar un compromiso profesional (¿Vocacional? ¿Con la “verdad”? Ya nadie sabe, confundir es el lema), una búsqueda honesta y desinteresada - siempre inquieta y auténtica- en un trámite, en un cumplido, en una alforja rutinaria.
Pocos - casi ninguno- de los estudiantes que sueñan con ser periodistas piensan que ejercer esa hermosa y siempre romántica profesión significa pasar a papel el dictado del pagador. Lejos está del imaginario juvenil, de esa fuente de vida necesaria, pura y movilizadora, pensar el arte de relatar los acontecimientos en términos de una rutina administrativa encadenada a las normas marquetineras. Desalienta gravemente, siendo la periodista tan joven, semejante grado de resignación, de sometimiento.
Ella no llegaba a los treinta y pico de otoños y su desapasionada postura ridiculizaba, racionalmente, toda utopía. Naturalmente y con pasmosa aceptación, hacía un paralelismo entre el corte y confección y el periodismo. “Un medio elige que noticias brindar”, eran las palabras que elegía. Es que la ética, el compromiso (salvo con el que paga) no representaban valor alguno o criterio a seguir para ella. No se trataba de informar, sino de dar los datos que favorecían a la empresa en la bolsa. “La objetividad no existe”, decía la periodista. Y no lo decía con pretensiones epistemológicas, sino que utilizaba dicho discurso como un arma de defensa, como una justificación frente a la inmensa distancia que separaba a su empresa de la honestidad, de la transparencia. A muchos de los que la escuchaban les indignaba y hasta les dolía -porque ellos sí son puros- el que fueran sólo los intereses empresariales (extra periodísticos) de sus patrones los que alimentaran el motor de su oratoria. Luego, como consuelo y hasta sonriendo improvisaron una frase.

“ `No existe el bien, todo lo que hace el hombre lo hace por propia motivación`, decía el asesino sentado sobre el banquillo del acusado. Y así, sin más, se autodeclaraba inocente ” .

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