miércoles, 18 de noviembre de 2009

Cuestión de base

Clima de creciente tensión es el que se vive entre los países caribeños de Sudamérica, previo a la concreción de la última fase del Plan Colombia. Es que Estados Unidos está a un paso de instalar sus bases militares en dicho país, y la posibilidad de ser continuamente controlado no es algo que entusiasme al principal enemigo del imperialismo yanky en el continente, el venezolano Hugo Chávez, quien en declaraciones de la semana pasada instó a su pueblo a prepararse para la guerra.

El Plan Colombia surgió en 1999 y fue el resultado de la firma de un acuerdo entre el entonces Presidente de Estados Unidos, el demócrata Bill Clinton, y el Presidente colombiano Ariel Pastrana Arango. El objetivo del plan, por lo menos el oficial, era aunar fuerzas para combatir el narcotráfico y vencer a las guerrillas colombianas, en particular a las FARC, consideradas por ambos países como fuerzas terroristas. Sin embargo, más allá de la posible solidez de las justificaciones oficiales, muchos son los que dudan respecto a éstas, considerándolas tan sólo pretextos del país del norte para mantener su control sobre la zona.

Por otro lado, no es casual el momento en el que se van a instalar la bases, ya que coincide con el fin de la concesión de la base de Manta, en Ecuador. Al respecto, cabe recordar que desde 1999 las tropas estadounidenses disponen de dicho lugar para operar, y que por decisión del Presidente de Correa, el permiso no les fue renovado. Siempre contar con una az bajo la manga, esa parece ser la táctica del gran país del norte, que más allá de tener gobiernos demócratas o republicanos, en todo momento se ocupa de ejercer el control sobre la zona. Por eso llaman la atención las notas de muchos pensadores que desplegaron la teoría de que en la última década Estados Unidos, debido a que mantuvo la atención en sus enemigos de Medio Oriente, estuvo "descuidando” a Sudamérica. Siguiendo este camino, la hipótesis termina justificando en su enunciado el ascenso al poder de los gobiernos de izquierda en la zona. A ellos habría que recordarles el golpe de estado del 2002 a Chávez, organizado por la CIA o la base de Manta anteriormente citada, o el envío de la Quinta Flota a patrullar los mares del sur, para al fin decirles: “No se procupen, lo hermanos estadounidenses siempre tienen tiempo para nosotros”.

En la última reunión de Presidentes de sudamérica, llevada a cabo en la ciudad rionegrina de San Carlos de Bariloche, todos los mandatarios, salvo la abstención del de Perú, se manifestaron en contra de la instalación de la bases en Colombia. Los más enérgicos, Chávez y Correa, expresaron su preocupación por el peligro que representa tener tan cerca tropas estadounidenses con inmunidad para hacer lo que quieran. El mandatario ecuatoriano incluso desplegó un informe en power point mediante el cual demostraba que sumar militares no servía de mucho, habida cuenta de que en Ecuador se destina el 10 % del presupuesto militar de Colombia y carecen, prácticamente, de casos de narcotráfico.

Otro aspecto a tener en cuenta son los lugares elegidos para instalar las bases. Sudamérica es una región muy rica en recursos naturales, y disponer de un control cercano a éstos parece ser otro criterio. En el caso de la instalación en Colombia, ésta se podría justificar, además de por la necesidad de tener soldados en la zona, por la cercanía al petróleo venezolano y a dos regímenes diametralemente opuestos al imperio. También se podría citar el último intento -con la excusa de la supuesta presencia de terroristas- de envío de marines a la Triple Frontera, lugar privilegiado en cuanto al comercio entre Argentina, Parguay y Brasil, y sobre todo punto neurálgico del Acuífero Guaraní, uno de los mayores reservorios de agua del mundo.

La abogada, escritora e investigadora venezolana-estadounidense Eva Golinger, habla en este video sobre las bases yanquis.

jueves, 12 de noviembre de 2009

El país del norte no se resigna

Esta primera década del siglo XXI nos ha demostrado la relevancia que tiene el agotamiento general de las reservas energéticas y la preocupación norteamericana sobre el control de un recurso tan importante como el petróleo. Estados Unidos ha comenzado guerras en Afganistán primero y en Irak después, esta última sin el aval de Naciones Unidas, alzando la bandera de lucha contra el terrorismo, justamente en la zona geográfica donde se ubican las principales reservas de petróleo en el mundo. Dentro de las estrategias por controlar los recursos energéticos, Medio Oriente continúa siendo la pieza principal, pero detrás de esta región estratégica aparece Venezuela, que se convirtió en el segundo país del mundo con mayores reservas petroleras certificadas.

Recientemente se han probado más de siete mil millones de barriles más, por lo que Venezuela ha superado los 142 mil millones de barriles totales, posicionándose sólo detrás de Arabia Saudita, que posee unos 260 mil millones de barriles probados. Las últimas reservas probadas se ubican en el margen norte del río Orinoco y es consecuencia del Proyecto Socialista Orinoco Magna Reserva a cargo de algunas empresas trasnacionales y la estatal Petróleos de Venezuela SA (Pdvsa). Sus responsables prevén llegar a certificar 316.000 millones de barriles para 2010, por lo que se colocaría como la mayor reserva petrolera del mundo, sumado al reciente anuncio de 418 mil millones de pies cúbicos de reservas probadas de gas natural asociado.

Además de las riquezas energéticas que se encuentran en Venezuela, el bloque político al que pertenece, UNASUR, es la cuarta potencia gasífera y de crudo del planeta, el séptimo productor mundial de carbón mineral y dos de sus integrantes dominan el ciclo completo de manipulación del uranio para la generación nucleoeléctrica. Para poder contextualizar adecuadamente no sólo tenemos que referirnos a las buenas perspectivas de crecimiento de UNASUR en materia energética, sino a la situación desfavorable que se presenta en América del Norte y Europa. Estados Unidos produce actualmente cinco millones de barriles diarios de petróleo y consume 19 millones, por lo que está obligado a importar los 14 millones restantes, ya que posee solamente 16 mil millones de barriles de petróleo en reservas. En México la producción está cayendo en un 20 por ciento y al cabo de tres años podría pasar de ser exportador a tener que importarlo. Mientras que en Europa el petróleo se está agotando de manera considerable.

El creciente consumo de petróleo y el agotamiento de las reservas petroleras han llevado a los países que poseen este fundamental recurso energético a aumentar el control sobre sus reservas y a las grandes potencias a desarrollar tácticas más agresivas en las zonas estratégicas.

Estados Unidos ha controlado la industria petrolera venezolana indefinidamente, pero desde la asunción de Hugo Chávez, el pueblo venezolano recuperó su mayor fuente de riqueza que había sido aprovechada por los grandes grupos económicos norteamericanos, que administraban vergonzosamente este recurso, obteniendo importantes beneficios y dejando a Venezuela sin obtener nada a cambio. Previo a la asunción de Chávez, las privatizaciones y las políticas neoliberales contemplaban la venta de la Industria Petrolera Venezolana. Se trató de imponer la idea que el petróleo no era buen negocio, para agilizar la venta de esta industria. Cuando Chávez asume como presidente de la República Bolivariana de Venezuela en 1999, inmediatamente detiene las privatizaciones y comienza el proceso de nacionalización del petróleo, con cuyos beneficios pudo desarrollar planes sociales y mejoras muy significativas en distintas áreas como educación, salud, viviendas, infraestructura vial.

Si bien América Latina no forma parte de los principales focos de conflictos en la actualidad, la asunción de gobiernos populares y democráticos afecta el posicionamiento de Estados Unidos como potencia hegemónica mundial, entendiendo a Venezuela como uno de los mayores responsables del desplazamiento del viejo orden energético. Las denuncias del presidente bolivariano por la ofensiva imperial en nuestro continente deben ser escuchadas y los gobiernos latinoamericanos deben actuar conjuntamente para asegurar la soberanía de los pueblos. No por nada Estados Unidos tiene siete bases establecidas en Colombia, una en Aruba, una en Curazao y 660 infantes de marina en Guyana, estableciendo un cordón que rodea al único país que tendrá las mayores reservas probadas de petróleo.


Tanto dolor tienen en la boca

«Yo tuve hambre y me diste de comer», dijo Jesús encarnado en la figura del pobre. Combatir el hambre es una exigencia evangélica, un imperativo ético, un deber de ciudadanía y solidaridad, para que podamos sacar a la humanidad de esta prehistoria en que billones de personas aún no tienen asegurado el derecho animal más elemental: comer.
(Hambre cero mundial. Frei Betto. 29/09/2004)


La crisis financiera internacional desatada el año pasado desplazó de la escena a la crisis alimentaria. Pero aunque no salga en la televisión, el problema del hambre sigue intacto y en ascenso.

Entre marzo de 2007 y marzo 2008, el precio de los cereales, sobre todo el trigo, aumentó un 130%, la soja un 87%, el arroz un 74%, y el maíz aumentó en ese año un 53%. Cuando en agosto de 2007 estalló en Estados Unidos la crisis financiera e inmobiliaria, los grandes fondos de inversión especulativa trasladaron millonarias sumas de dinero a controlar los productos agrícolas en el mercado internacional. Cuando la burbuja inmobiliaria se pinchó, los especuladores se orientaron a los mercados de cereales. Estos alimentos se han convertido en un objeto más de especulación bursátil, cuyo precio se modifica, y aumenta, en función de las especulaciones y no en función de los mercados locales o las necesidades de la gente.

La escasez de reservas, el alza sin precedentes en los precios de los productos agrícolas y el conjunto de aumentos especulativos en los precios de los alimentos condujeron en 2007 a una ola de hambre mundial.

Estando a fines del 2009, el número de personas hambrientas alcanza las mil millones (la sexta parte de la población el planeta), mientras que el año pasado fue de 963 millones. Tres cuartas partes de quienes no tienen suficiente qué comer son campesinos y trabajadores rurales (los mismos que producen la comida), mientras un puñado de corporaciones agroindustriales (que deciden a dónde y a quién va el alimento) se embolsan miles de millones de dólares.

En los Objetivos del Milenio de la ONU, pactados en el año 2000, se establece que para el 2015 los países del mundo deberán reducir al menos hasta la mitad el número de personas afectadas por el hambre.

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) estimó que el número de personas hambrientas alcanzó este año 1.020 millones este año y el mundo debe elevar la producción de alimentos en un 70 por ciento para alimentar un total estimado de 9.100 millones de habitantes en el 2050.

Entre el 13 y el 18 de noviembre se realizará en Roma la tercera Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimentaria de la FAO que tiene como objetivo “impulsar la creación de un nuevo orden agrícola que permita doblar la producción para el año 2050, con el fin de garantizar la seguridad alimentaria y nutricional en la población”.

De la Cumbre participarán miembros de Vía Campesina que reclamaran y señalaran la importancia de la soberanía alimentaria, entendida como “el derecho de una nación a determinar su producción y consumo de alimentos y la exclusión de la agricultura de regímenes de comercio global como el de la OMC. También significa consolidar una agricultura centrada en los pequeños productores protegiendo al mercado doméstico contra las importaciones baratas, fijando precios competitivos para campesinos y pescadores, suprimiendo todos los subsidios directos e indirectos y suspendiendo las subvenciones domésticas que promuevan una agricultura no sustentable”.

El último documento de la FAO fue objetado por Venezuela, Cuba, Argentina, Bolivia, Ecuador y Nicaragua porque consideraban que no refleja los reales factores que causan la crisis, como los elevados subsidios y las políticas agrícolas distorsivas aplicadas por los países desarrollados.

La crisis alimenticia está ocurriendo mientras hay suficiente comida en el mundo para alimentar a la población global. Actualmente se produce mucho más que en años anteriores y la población mundial ha crecido en porcentaje menor a la producción de alimentos. Entonces, no hay una crisis de producción sino una imposibilidad para acceder a ellos. Según la FAO, en los países en vías de desarrollo la comida representa hasta el 60 u 80 por ciento del gasto de los consumidores. Un aumento brusco en los precios condena a grandes mayorías al hambre.

A continuación un fragmento de la exposición sobre la crisis alimentaria por parte de una miembro de la Red Ciudadana frente al Comercio e Inversión de El Salvador.



Fuentes
-Desafíos para el movimiento social ante la especulación con el hambre. Wim Dierckxsens. ALAI. 27/05/2008
-Página web de FAO
-Página web de Vía Campesina

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